–  por Fady Noun

Una “corriente de gracia” para la iglesia entera

El Jubileo de Oro que la Renovación Carismática Católica acaba de celebrar en Roma (del 31 de mayo al 4 de Junio, 2017) ha sido descrito por varios como “un Pentecostés ecuménico”, con el Papa Francisco siendo el primero en insistir en el “carácter ecuménico” de esta renovación desde sus inicios.

Históricamente, en los años 1960s se dio una extraordinaria convergencia de dos corrientes de gracia que llevaron a la renovación carismática de la Iglesia Católica, una herencia espiritual extraordinaria que tiene sus orígenes a inicios del Siglo XX, con una profundidad en la iglesia tanto Católica como Evangélica. Está por un lado el Papa León XIII (1810-1903), quien aconsejado por una monja, Elena Guerra, consagró el Siglo XX al Espíritu Santo. También está una pequeña congregación evangélica protestante en Topeka, Kansas, E.E.U.U.

La hermana Elena Guerra fue la fundadora de la congregación de las Oblatas del Espíritu Santo en Luca, Italia. A sus 50 años le escribió al Papa León XIII con una inspiración especial y, animada por su director espiritual, urgió al Papa León XIII a clamar ardientemente al Espíritu Santo por la renovación en la Iglesia Católica. La correspondencia de Elena Guerra con el Papa resultó también en una ceremonia religiosa dirigida por León XIII el 1 de enero de 1901, el primer día del Siglo XX, en donde él invocó al Espíritu Santo y en nombre de toda la iglesia entonó el himno Veni Creator Spiritus (Ven Espíritu Creador).

Ese mismo día, otro evento clave tuvo lugar a eso de las 11pm, a miles de kilómetros de distancia, en el pueblo de Topeka, Kansas, E.E.U.U. El Reverendo Charles Fox Parham había instituido el Colegio Bíblico de Betel en el cual se había dado una cadena de oración ininterrumpida para invocar al Espíritu Santo. Una estudiante le pidió al Rev. Parham que le impusiera las manos y orara por ella. Ella fue entonces bautizada en el Espíritu Santo y empezó a orar en lenguas. En los días subsiguientes el Rev. Parham y otros tuvieron la misma experiencia. Este evento se considera generalmente como el inicio del pentecostalismo en las iglesias protestantes.

Cristo, con el fin de renovar a su iglesia, quien había hecho a Pedro un pescador de hombres, echó sus redes entre humilde gente negra y blanca en una nación pronta a convertirse en una súper potencia mundial. Lo hizo lejos de las iglesias establecidas de una Reforma adormecida, iglesias que terminaron persiguiendo al emergente “pentecostalismo” y forzándolo a convertirse en su propia tradición. Esta es la historia del histórico y místico lazo que une a la Iglesia Católica con el movimiento Pentecostal, un lazo confirmado por el desarrollo posterior.

Vale la pena resaltar que Elena Guerra fue la primera mujer en ser beatificada por el Papa Juan XXIII, el papa que también convocó al Concilio Vaticano II y que pidió a la iglesia que orara al Espíritu Santo para que renovara sus maravillas “como en un nuevo pentecostés”. Es gracias a la fidelidad de las iglesias pentecostales en medio de muchas persecuciones que la nueva primavera empezó a surgir en los círculos académicos Católicos americanos en la Universidad de Pittsburg en 1967, dos años después del final del Concilio Vaticano II. Desde entonces una renovación espiritual se propagó rápidamente por el mundo al punto de que los “miembros” de grupos de oración y comunidades que decían ser parte de la renovación llegaron a ser hasta 150 millones

El hecho de que los Católicos que fueron bautizados en el Espíritu Santo no quisieron dejar la Iglesia Católica, y que la Iglesia Católica tomó un enfoque inclusivo hacia esta renovación hicieron posible la renovación carismática como la conocemos.

Al recibir a los “carismáticos” en Roma para Pentecostés en 1975, el Papa Pablo VI dijo que en vista de sus frutos, “¿Cómo no creer que esta renovación es una oportunidad para la iglesia entera?” De este modo, Pablo VI advertía a los obispos en todo el mundo a no rechazar la renovación, pues los obispos desconfiaban de ella en los primeros tiempos. Juan Pablo II, Benedicto XVI y ahora Francisco han confirmado el juicio tan prudente y valeroso de Pablo VI.

Con el Jubileo de Oro celebrado recientemente en Roma, Francisco completó la tarea y acreditó oficialmente la Renovación Carismática como una “corriente de gracia” para toda la iglesia y la experiencia del bautismo en el espíritu como algo que todos los cristianos deberían vivir.

Clarificación

En un simposio en la Universidad Pontificia Urbaniana llevado a cabo durante el Jubileo en Roma, cuatro autores y teólogos importante de la renovación carismática (Raniero Cantalamessa, Ralph Martin, Peter Hocken y Vinson Synan) dieron algunas declaraciones informativas que desarrollaron aún más lo dicho por el Papa Francisco.

Con su cálida voz, el P. Cantalamessa, predicador de la casa pontificia, dijo que la renovación carismática es, desde el concilio Vaticano II, “el signo más excepcional del despertar de la Iglesia Católica a la acción del Espíritu Santo y sus carismas”. También se refirió a la contribución de la renovación carismática a la renovación de la teología en la Iglesia Católica de Occidente y en las iglesias Protestantes.

El P. Cantalamessa, citando a San Agustín (y a Nietzsche como opositor) así como al teólogo protestante Karl Barth y a san Basilio de Cesarea, habló de una “teología del tercer artículo” del Credo (Creo en el Espíritu Santo), una teología que ha renovado la espiritualidad de la iglesia occidental al “restaurar el contenido positivo de la doctrina de salvación, dícese la presencia constante e interna (la morada) del Espíritu Santo y la nueva vida en Cristo” en contraste al contenido negativo, represivo y de culpa.

Es por esta razón que el P. Cantalamessa insistió: la “renovación carismática” no debe reducirse a una devoción de piedad o a la pertenencia a un grupo o movimiento, sino que debe entenderse como una “apertura personal al Espíritu Santo” o como una “corriente de gracia que fluye de distintas formas” por toda la iglesia.

El P. Peter Hocken y Vinson Synan insistieron en la “igualdad radical” entre todos los que reciben el bautismo en el Espíritu. El P. Hocken también habló de un “ecumenismo carismático” que une a todos los que han experimentado el bautismo en el Espíritu, como algo distinto al ecumenismo teológico en la iglesia institucional.

Por su parte, Ralph Martin le dio una nueva luz al sacramento de la confirmación, considerando que la experiencia de la presencia interior del Espíritu puede ser renovada y no es algo que “se da una vez y para siempre”. Para el, no habrá una “nueva evangelización” sin un “nuevo Pentecostés”.

Lo que está pasando de varias maneras en la Iglesia Católica es bueno. En ella, el “bautismo en el Espíritu” se esparce en miles de formas por el cuerpo de la iglesia institucional, más allá de los límites visibles de los grupos, comunidades o fraternidades carismáticas con sus estructuras más o menos permanentes.

El futuro de la renovación carismática, un aliento profético

¿Cuál es el futuro de la renovación carismática en la Iglesia Católica? El 1º de Junio, en la Basílica de San Juan de Letrán, Bruce Yocum, quien estuvo al inicio de la renovación junto a miles de estudiantes en la universidad de Michigan, habló en representación de las comunidades de la Renovación Cristiana. Comenzó diciéndole a la concurrida basílica que los Salmos han sido encomendados con “la tarea de la memoria sagrada”, de recordar  de “repetir todas las maravillas de Dios” de “generación en generación”. Luego agradeció a Patti Mansfeld Gallagher por el fervor y la fidelidad con que describió en su libro “As by a new Pentecost” el famoso “retiro de Duquesne” en 1967 donde nació la renovación carismática en la Iglesia Católica.

Bruce Yocum, testigo del súbito proceso en que la renovación carismática se expandió más allá de las fronteras geográficas y eclesiales (denominacionales) hacia un ecumenismo básico, también dio gracias por las “cientos de corrientes” (neocatecúmenos, focolares, Sant’Egidio, Comunión y Liberación, Cursillos, etc) que el Espíritu Santo ha hecho surgir en la Iglesia Católica en el Siglo 20, junto a la renovación carismática. Viendo hacia delante, Bruce sugiere que esta renovación pareciera ser de las primeras etapas de una evangelización sin precedentes en el contexto de una profunda oscuridad espiritual en el mundo.

Ralph Martin y luego Bruce Yocum habían anunciado estos “tiempos” ambiguos en el Lunes de Pentecostés de 1975 en el pontificado del papa Pablo VI. Ese año, el acogió la “creciente” renovación carismática en el Vaticano, incluyendo a unos 10,000 de sus miembros – una corriente de gracia multiforme pero aún bastante unida había llegado a Roma. En ese lunes de Pentecostés, el Papa había celebrado una misa especial para la “Renovación”. Cuando el se fue del altar hubo un problema con los otros micrófonos y el tiempo de compartir las palabras proféticas y solamente uno seguía funcionando, el del altar, que había sido usado por el pontífice.

Movido por un sentido de urgencia profética, Ralph Martin primero y luego también Bruce Yocum tomaron ese micrófono para proclamar la palabra profética en la plaza de San Pedro. “Porque yo los amo,” decía la profecía de Ralph Martin, “quiero mostrarles lo que estoy haciendo en el mundo hoy. Quiero prepararlos para lo que va a venir. Se aproximan días de oscuridad en el mundo, días de tribulación… Edificios que están de pie, no lo estarán más… Un tiempo de oscuridad viene al mundo, pero un tiempo de gloria está llegando a mi iglesia… Voy a prepararlos para un tiempo de evangelización que el mundo no ha visto nunca… Y cuando no tengan nada más que a mi, entonces tendrán todo… Estén preparados”.

El año 1975 ya estaba a una distancia considerable de la oración con que Juan XXIII inició el Concilio (1962), la primera ráfaga de viendo en las velas del bote de San Pedro sacándolo del Lago de Tiberíades hacia las aguas profundas donde una pesca milagrosa les aguardaba. El papa Juan XXIII, el que convocó el Concilio Vaticano II oró diciendo “renueva tus maravillas, como en un nuevo Pentecostés”, sin saber lo que sería el futuro de la Iglesia Católica. Pero hoy sí sabemos un poco más. El aceite de la renovación está conquistando el mundo católico, en paralelo con la devastación del secularismo que gradualmente sigue vaciando las iglesias en Europa y causando un nuevo éxodo masivo de los cristianos desde el Este, el lugar de nacimiento de Cristo.

Un oriente vaciado de sus Cristianos

El eco de las profecías aun seguía resonando en el mármol y los arcos de la plaza de San Pedro cuando algunos edificios empezaron a derrumbarse en el Líbano. Sin profundizar mucho en los pros y contras de lo que sucedió, es claro que la guerra que estalló en Líbano el 13 de Abril de 1975 fue el desencadenante de una espiral de violencia que por los siguientes 40 años vaciaría al Medio Oriente de una gran parte de su población cristiana – algo que aún está sucediendo.

Los cristianos, junto con otras minorías religiosas, fueron las primeras víctimas de la mortal rivalidad que se desató en los 1970s y 1980s entre los dos partidos del Islam: el Islam militante de la Revolución Iraní de 1979 y un movimiento Salafista que buscaba conquistar el mundo – una rivalidad que ha tenido sus efectos tanto en las Mezquitas en Europa como en la planicie de Nínive en Irak.

En una conversación privada con Bruce Yocum sobre la “oscuridad” anunciada en 1976, él habló con una profundidad sorpresiva. Para el, las tinieblas del mundo deben entenderse más que nada en un sentido espiritual y la oscuridad que ha aparecido, dijo, no se compara con la que va a venir. Como autor de un libro sobre las condiciones y ejercicio del carisma de profecía en la renovación carismática, Bruce dijo en esencia: “Los fieles estaban asombrados (en San Pedro) al escuchar a Ralph Martin. Nos miramos uno al otro y luego vimos a nuestro alrededor, pensando primero en la plaza de San Pedro. La guerra en el Líbano estalló poco después. Las torres gemelas cayeron más tarde (2001)”.

“Desde mi perspectiva, la profecía de 1975 no se ha cumplido plenamente. Creo que los tiempos difíciles de los que hablamos son más de una naturaleza espiritual. De hecho en el borrador de un libro que estoy escribiendo, hago la clara distinción entre la profecía y la predicción. Este es un principio general. La profecía no dice lo que va a suceder sino que lo señala, indica una dirección. Solo cuando se cumple es que podemos decir: ‘¡Ah, conque de eso se trataba!’ Los ejemplos más claros son las profecías del Antiguo Testamento. Las profecías más importantes de ese tiempo apuntaban a Cristo y la Nueva Alianza. Pero nadie pudo haber predicho la Encarnación”.

Lo importante de estas profecías, dijo Bruce Yocum, es que la susodicha “oscuridad” también se asocia con un tiempo de “evangelización sin precedentes.” La experiencia del Líbano sería profética, en ese sentido, pues la renovación carismática y muchas de sus misiones en Líbano y en mundo Árabe han florecido aún en tiempos de guerra. “Por supuesto que fueron tiempos oscuros, todo era difícil, pero en el fondo”, añadió, “algo muy positivo se dio a nivel espiritual”.

Un llamado a los fieles

En conclusión, ¿qué podemos decir? El futuro de la renovación carismática es el mismo que el de la iglesia entera y el mundo. Para un creyente, las celebraciones en el Circo Máximo podrían ser simplemente como un “Woodstock Cristiano”. Pero el futuro de la humanidad está en juego también, es la “batalla final” del Señor contra los “espíritus de las tinieblas que actúan en el mundo”. Para ganar esta batalla es indispensable la unidad, algo que la red de comunidades que vino a Roma pareciera haber entendido.

El consejo final de Bruce Yocum es sencillo: mantener la mente abierta y permanecer fieles al llamado. No se sorprendan por la abundancia de movimientos y digan que somos simplemente una parte del todo más grande. Finalmente, estén abierto a los carismas en sus vidas y vivan en el Espíritu Santo, siempre recordando que la fidelidad del Señor es “por siempre y para siempre” y que “se renueva cada mañana”.

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Fady Noun es un miembro de la comunidad El Pueblo de Dios en Beirut, Líbano y escritor del principal periódico en francés en el Líbano: “L’Orient le Jour“. Fotos por María Paula Arce, usadas con permiso.