COVID-19 – ¿Una señal de Dios? – Parte 2

COVID-19 – ¿Una señal de Dios? – Parte 2

Un mes después de escribir la primera parte de este artículo, el COVID 19 sigue entre nosotros, y gran parte del mundo sigue bajo las restricciones que pretenden contener la propagación del virus. Ha habido mucho sufrimiento y dificultades como resultado no solo de la enfermedad misma, sino de las consecuencias de la “cuarentena”. Entre estas consecuencias, algunas son muy serias. Las Naciones Unidas han previsto un fuerte incremento en muertes por desnutrición en niños de los países más pobres. Las tasas de suicidio, violencia doméstica, abuso de alcohol y drogas han incrementado. Muchos ya han sido afectados por las dificultades económicas que han venido y ya se predicen repercusiones financieras a largo plazo.

Existe también mucha especulación sobre qué va a pasar cuando termine esta pandemia, algunos dicen casi apocalípticamente que “la vida nunca volverá a ser la misma”. ¿Qué tipo de cambios veremos en la vida social, la educación y la práctica de la medicina?

Ciertamente no se nos olvidará pronto el COVID-19 o la “gran cuarentena del 2020”.

En la primera parte de este artículo, hice la pregunta, pero no la respondí: “Ante todo esto, ¿qué debemos hacer nosotros como cristianos? ¿Es esta – o en qué sentido es esta – una de las “señales de los tiempos” que deberíamos ver? ¿Es esta una señal del fin de los tiempos?”

Cristo nos dijo que debíamos ser capaces de leer las “señales de los tiempos”.

Los fariseos y los saduceos se acercaron a Jesús y, para ponerlo a prueba, le pidieron que les mostrara una señal del cielo. Él les contestó: «Al atardecer, ustedes dicen que hará buen tiempo porque el cielo está rojizo, y por la mañana, que habrá tempestad porque el cielo está nublado y amenazante. Ustedes saben discernir el aspecto del cielo, pero no las señales de los tiempos. Esta generación malvada y adúltera busca una señal milagrosa, pero no se le dará más señal que la de Jonás». Entonces Jesús los dejó y se fue.
– Mateo 16:1-4

Para Jesús, la incapacidad de interpretar las señales de los tiempos por parte de los Fariseos y Saduceos era un asunto muy serio, pues esa incapacidad de leer las señales de los tiempos y de leer correctamente las escrituras, que está detrás de su incapacidad de leer estas señales, quiere decir que ellos podrían estar cara a cara con el Mesías y no reconocerlo – así como hicieron en ese mismo momento. Esto fue más trágico incluso que cualquier epidemia, terremoto o guerra.

«¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que se te envían! ¡Cuántas veces quise reunir a tus hijos, como reúne la gallina a sus pollitos debajo de sus alas, pero no quisiste! Pues bien, la casa de ustedes va a quedar abandonada. Y les advierto que ya no volverán a verme hasta que digan: “¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!”»
– Mateo 23:37-39

Claramente también para nosotros, la incapacidad de reconocer adecuadamente las señales de los tiempos en que vivimos sería espiritualmente peligrosa. ¿Qué señales vemos cuando vemos a nuestro alrededor?

Como dije antes, esta pandemia es una de esas señales, pero solamente es una de muchas señales normales del juicio de Dios, no es algo excepcional. Los cristianos deberían tener sus ojos abiertos y esperarlas. No sabemos cual será la siguiente de esas señales, pero sabemos que seguirán viniendo hasta la Segunda Venida.

 Cuando sepan de guerras y de rumores de guerras, no se alarmen. Es necesario que eso suceda, pero no será todavía el fin. Se levantará nación contra nación, y reino contra reino. Habrá terremotos por todas partes; también habrá hambre. Esto será apenas el comienzo de los dolores.
– Marcos 13:7-8

Dios ha dado señales de su juicio en todos los tiempos y los cristianos deberían ver con atención cuáles son las principales razones para ese juicio en nuestros tiempos. Si esta pandemia del virus es una de las señales “normales” del juicio de Dios, ¿qué vemos en nuestro mundo que podría ser la razón para este juicio de Dios?

Algunos cristianos han sugerido que el cambio climático es una señal así, y que deberíamos ver el juicio de Dios sobre nuestro fallo en administrar la tierra. Quizás es así, pero hay mucha controversia alrededor de esos asuntos científicos que indican que el cambio climático al menos no es una obvia “señal de los tiempos”.

Quisiera sugerir varias otras que me parece a mi que son señales de los tiempos importantes. Esta no es una lista exhaustiva, sino una con fines ilustrativos que muestra el tipo de señales que creo que deberíamos ser capaces de ver.

Primeramente y la más dramática, es la apostasía a gran escala del mundo occidental. La gran, gran mayoría de personas en Europa occidental han abandonado el cristianismo. Norteamérica y Europa oriental no se quedan atrás. La apostasía fue el más grande mal en la historia del Israel, un mal del que los profetas hablaron fuertemente en contra.

Por eso, aún voy a entablar un litigio contra ustedes, y también litigaré contra los hijos de sus hijos —afirma el Señor—. »Crucen a las costas de Chipre, y miren; envíen mensajeros a Cedar, e infórmense bien; fíjense si ha sucedido algo semejante: ¿Hay alguna nación que haya cambiado de dioses, a pesar de que no son dioses? ¡Pues mi pueblo ha cambiado al que es su gloria, por lo que no sirve para nada!¡Espántense, cielos, ante esto! ¡Tiemblen y queden horrorizados! —afirma el Señor—. »Dos son los pecados que ha cometido mi pueblo: Me han abandonado a mí, fuente de agua viva, y han cavado sus propias cisternas, cisternas rotas que no retienen agua”.
– Jeremías 2:9-13

La apostaría de Israel llevó al gran desastre del exilio. ¿Qué clase de juicio podríamos esperar hoy si el pueblo de Dios le da la espalda a Dios?

Ustedes no se han acercado a una montaña que se pueda tocar o que esté ardiendo en fuego; ni a oscuridad, tinieblas y tormenta;  ni a sonido de trompeta, ni a tal clamor de palabras que quienes lo oyeron suplicaron que no se les hablara más,  porque no podían soportar esta orden: «¡Será apedreado todo el que toque la montaña, aunque sea un animal!» Tan terrible era este espectáculo que Moisés dijo: «Estoy temblando de miedo». Por el contrario, ustedes se han acercado al monte Sión, a la Jerusalén celestial, la ciudad del Dios viviente. Se han acercado a millares y millares de ángeles, a una asamblea gozosa, a la iglesia de los primogénitos inscritos en el cielo. Se han acercado a Dios, el juez de todos; a los espíritus de los justos que han llegado a la perfección;  a Jesús, el mediador de un nuevo pacto; y a la sangre rociada, que habla con más fuerza que la de Abel. Tengan cuidado de no rechazar al que habla, pues, si no escaparon aquellos que rechazaron al que los amonestaba en la tierra, mucho menos escaparemos nosotros si le volvemos la espalda al que nos amonesta desde el cielo.
– Hebreos 12:18-25

La apostasía, si seguimos en ella, es una enfermedad terminal con una tasa de mortalidad de 100%, y mientras que el COVID-19 puede producir la muerte física, la apostasía produce muerte espiritual.

No teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma.  Teman más bien al que puede destruir alma y cuerpo en el infierno.
– Mateo 10:28

Una segunda señal es el creciente rechazo de la moral sexual cristiana entre quienes confiesan la fe cristiana. Por supuesto que aquellos que abandonan el cristianismo también van a rechazar la moral cristiana. Eso es parte del paquete. Pero hoy en día vemos cristianos, incluso iglesias cristianas, que rechazan lo que enseñan las escrituras sobre la sexualidad. La aceptación del comportamiento homosexual llama mucho la atención, pero si somos honestos, debemos admitir que muchas iglesias y muchos líderes de la iglesia han aceptado el adulterio y la fornicación durante décadas.

La apostasía trae el juicio de Dios sobre la sociedad, pero es el rechazo de los mandamientos por parte de la iglesia lo que trae el juicio de Dios específicamente sobre la iglesia.

Porque es tiempo de que el juicio comience por la familia de Dios; y, si comienza por nosotros, ¡cuál no será el fin de los que se rebelan contra el evangelio de Dios!
– 1 Pedro 4:17

Finalmente, el azote del aborto. Si nos preocupa el coronavirus, ¿no deberíamos estar mucho más preocupados por el aborto? Según la Organización Mundial de la Salud “cada año, hay en el mundo estimadamente 40-50 millones de abortos. Esto corresponde a aproximadamente 125.000 abortos por día.”[i] En contraste, aunque las estadísticas son difíciles de monitorear, una estimación razonable de muertes por coronavirus cada día está debajo de las 4.000 – lo cual es malo, pero jamás tan masivo como la pérdida de niños no-nacidos, una pérdida que es el resultado directo de nuestras acciones deliberadas como sociedad.

Si consideramos estas señales de los tiempos a la luz de “el juicio de Dios sobre las cosas” deberíamos preocuparnos seriamente sobre el estado de nuestras sociedades. No debido al COVID-19 sino por los males de nuestros tiempos que atraen el juicio de Dios.

Bruce Yocum es un miembro de los Siervos de la Palabra y fue miembro del Consejo Ejecutivo Internacional de la Espada del Espíritu. Ese artículo fue publicado en El Baluarte Viviente Junio-Julio 2020. Usado con Permiso. © Derechos de autor: 2020 Bruce T. Yocum.

Fuentes:

[1] https://www.worldometers.info/abortions/ Revisado el 4 de mayo, 2020.

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