– por Alfred Delp

El ángel anunciador
Este año veo el Adviento con mayor intensidad y anticipación que nunca. Mientras camino de un lado al otro en mi celda, tres pasos para acá y tres para allá, con las manos esposadas y un destino incierto por delante, entiendo, de una manera viva y diferente, las nuevas de que el Señor vendrá a redimir y liberar al mundo.

Mi mente no deja de recordar al ángel que alguien me dio como regalo de Adviento hace dos o tres años. Llevaba la inscripción: “¡Regocíjense, el Señor está cerca!». Una bomba destruyó al ángel y mató al hombre que me lo regaló. A veces tengo la sensación de que él todavía me brinda ayuda desde el cielo.

Promesas hechas y cumplidas
El horror de estos tiempos sería insoportable – como el horror de la vida misma, si pudiéramos verlo con suficiente claridad – sin este otro conocimiento que constantemente nos lienta y nos fortalece: el conocimiento de las promesas ya hechas y cumplidas. Y la conciencia de que hay ángeles anunciadores de las buenas nuevas quiénes, en medio de la angustia, esparcen su semilla de bendición que va a brotar algún día entre las tinieblas.

Los ángeles del Adviento no son aquellos seres brillantes y jubilosos que proclaman a viva voz las nuevas de consumación en un mundo expectante. Más bien, entran en nuestras habitaciones y corazones de manera silenciosa y desapercibida, igual que hicieron entonces. En el silencio de la noche, nos traen las preguntas de Dios y nos proclaman las maravillas de aquel para quien todo es posible.

Los pasos de ángel anunciador
El Adviento, aun cuando las cosas están saliendo mal, es un tiempo del que podemos extraer un mensaje. ¡Qué nunca llegue el tiempo en que los hombres se olviden de las promesas y las buenas nuevas, en que, tan encerrados en las cuatro paredes de su prisión, sus ojos se hagan sombríos y no vean más que días grises a través de las ventanas enrejadas tan altas que no permiten ver hacia fuera!

¡Qué nunca llegue el tiempo en que la humanidad deje de escuchar los suaves pasos del ángel anunciador, ni sus palabras de aliento que penetran el alma! Todos estaremos perdidos, si llega ese tiempo. Entonces viviremos en la bancarrota y la esperanza morirá en nuestros corazones.

Semillas de oro que esperan ser plantadas
Lo primero que debemos hacer si queremos levantarnos de nuestra vida estéril es abrir nuestro corazón a la semilla de oro que los ángeles de Dios quieren plantar en él.

Y una cosa más, debemos salir, en estos días grises, como portadores de buenas nuevas. Hay mucha desesperación que clama por consuelo; mucha valentía debilitada que clama por ser reforzada; hay mucha perplejidad que anhela por razón y significado

Cosechar el fruto de las semillas divinas
Los mensajeros de Dios, que han cosechado ellos mismos los frutos de las semillas divinas que se sembraron aún en las horas más oscuras, saben cómo esperar por  la totalidad de la cosecha. Se requiere la fe y la paciencia, no por que creamos en la tierra, ni en nuestras estrellas, ni en nuestro temperamento, ni en nuestra buena disposición, sino porque hemos recibido el mensaje del ángel anunciador de Dios y lo hemos encontrado.

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Tomado de los Escritos desde la Prisión de Alfred Delp, publicados primeramente en Alemán como Im Angesicht des Todes by Verlag Josef Knechr, Carolusdruckerei, Frankfurt am Main,1958.