¿De qué lado estás? – Los Testigos de la Pasión

¿De qué lado estás? – Los Testigos de la Pasión

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– por Carlos Mantica

II. El maestro de la ley
El primer personaje con que nos encontramos es con un Maestro de La Ley. Es Jueves 18 de Abril. Es de noche y la luna llena anuncia la llegada inminente de La Pascua. En esa noche capturaron a Jesús en Getsemaní y lo llevaron a la casa de Anás, el suegro de Caifás que ese año era Sumo Sacerdote. (Juan 18: 15-24) Juan que seguía de lejos a Jesús, logró entrar a la casa porque era conocido de Caifás, y es el que mejor relata lo que pasó ahí. Pedro se queda afuera pero Juan habla luego con la portera que lo deja entrar y quedarse en el patio con los criados y los guardias. Valiente el Pedro que poco antes en Getsemaní le acaba de cortar una oreja a Malco, criado de Caifás y ahora se mete donde sin duda está el herido.

Y ahora empieza el calvario de Jesús. Empiezan el interrogatorio y la tortura. Caifás interroga a Jesús acerca de sus discípulos y de su doctrina. Acerca de sus correligionarios. Jesús responde:

Yo he hablado públicamente delante de todo el mundo. Siempre he enseñado en las Sinagogas y en el templo donde se reúnen todos los judíos así que no he dicho nada en secreto. Por qué me preguntas a mí; pregúntale a los que me han escuchado y que ellos digan de qué les he hablado.

Llama la atención que son casi las mismas palabras que le ha dicho en Getsemaní a los que llegaron a capturarlo:

¿Por qué han venido ustedes con espadas y palos a arrestarme como si fuera un bandido? Todos los días he estado enseñando en el templo y nunca me arrestaron . (Mat. 26: 55)

O lo que es igual: Yo camino en la luz, ustedes se mueven en las tinieblas. Yo no tengo nada que esconder ni me muevo en la clandestinidad.

Cuando Jesús dijo esto uno de los guardias del templo le dio una bofetada diciéndole: ¿Así le contestas al sumo sacerdote?

Es siempre lo mismo: El cepillo (el servil) empapándose en el indefenso para quedar bien con el jefe. Y el Señor es abofeteado por contestarle a Caifás y torturado por no contestarle a Pilatos. Si no contesta el reo: Hable jodido. . . y el golpe y la patada. Si el reo contesta: ¡Así no se le contesta al jefe Y el golpe y la patada.

Pero, ¿quién es este tal Caifás que está interrogando al Señor? Es uno de los que primero condena y dicta sentencia y luego averigua. Lo señala Juan: (18: 14)

Este Caifás era el mismo que había dicho a los judíos que era mejor para ellos que un solo hombre muriera por el pueblo.

Así que desde aquel día las autoridades Judías tomaron la decisión de matar a Jesús.(Juan 11: 53)

La Ley decía, no matarás. Los maestros de la ley dicen: alguien debe morir.

Lo más conmovedor es hay otras personas más que parecen estar de acuerdo con Caifás: Son Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo. Es necesario que el Hijo muera para que su pueblo se salve.

Con una sola diferencia: Cristo está dispuesto a morir por nosotros, y en vez de nosotros para que nosotros podamos vivir para siempre. Los demás están dispuestos a matar. . supuestamente por el pueblo. Y no es lo mismo.

Y sigue sin ser lo mismo. Hay algunos que estuvieron dispuestos a morir, a condición de llevarse primero por delante al mayor número posible. Pero son muchos más los vivos que no titubearon en mandar a muchos a la muerte. . . por el bien del pueblo.

Todas las guerras, las invasiones, los asesinatos políticos, los actos de terrorismo, los secuestros, los saqueos, la destrucción los fraudes electorales, las dictaduras y los ejércitos han sido siempre por el bien del pueblo. Que pueblo tan dichoso que tiene tanta gente pensando en su bienestar.

Pero no quiero quedarme en ese campo grande en donde podemos contentarnos con señalar con el dedo a aquellos. A los bandidos de este o de aquel bando. Cristo ha llamado a quienes quieren ser sus discípulos y seguirlo a cargar también con su cruz. A dar la vida por los demás. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por los demás, dice el Señor. Y nos dice también que si la semilla no cae en tierra y muere no da fruto. Ser cristiano supone un morir a nosotros mismos para que Cristo viva en nosotros.

Nosotros queremos que sean los otros los que mueran. Que sea ella la que tiene que cambiar. Es él el que tiene que ceder. Es el rico al que tienen que fregar. Es el pobre el que tiene que pagar. Es mi papa el que me tiene que comprender. Es mi hijo el que tiene que entender. Es el gobierno el que tiene que hacer. Es el pueblo el que tiene que protestar. Es ella la que tiene que pedirme perdón. Es fulano. . . , siempre el otro el que tiene que morir para que yo esté bien. Y el Calvario continúa.

Hermanos: ya uno murió de una vez y para siempre para la salvación de su pueblo. Y ése es el que nos pide morir a nosotros mismos y tomar nuestra cruz para seguirlo. Poner a los demás por delante de nosotros.

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Carlos Mántica es uno de los Fundadores de la Comunidad Ciudad de Dios en Managua, Nicaragua y uno de los líderes fundadores de la Espada del Espíritu. Sirvió como presidente de la Espada del Espíritu entre 1991 y 1995. Adaptado del libro ‘De huevo a pájaro’. © 2001, Carlos Mántica.

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